El único capital irreemplazable que tiene una organización es el conocimiento de su gente.
Esto no es nada nuevo. El Sr. Andrew Carnegie, empresario y filántropo estadounidense, a finales del siglo XIX, en plena revolución industrial, afirmaba que la productividad de una empresa dependía de cómo se compartía el conocimiento dentro de una organización.

Esta realidad sigue en pié más de 100 años después, pero con una gran diferencia. En la actualidad, el conocimiento y la información tienen una vida útil mucho más corta, más efímera al poderse compartir en tiempo real. La ventaja competitiva es cada vez más difícil de mantener. Todo se copia mucho más fácilmente. El ritmo de los negocios se ha acelerado y la afirmación del Sr. Carnegie está más vigente que nunca.

Aunque la realidad empresarial y tecnológica ha evolucionado enormemente desde entonces, lamentablemente siguen existiendo barreras internas en las organizaciones que dificultan el intercambio del conocimiento.

La mayoría de las empresas están fragmentadas lo que limita su capacidad para que las buenas ideas se extiendan. Existen numerosas barreras a la comunicación, geográficas, departamentales, funcionales, culturales. La tecnología no ha logrado hasta ahora eliminarlas. Según un estudio de AIIM Industry Watch, el 71% consideran que es más fácil encontrar el conocimiento en Internet que en sus sistemas internos. El 80% considera que el e-mail se ha convertido en un problema para la mejora de su productividad personal.

Seguimos trabajando siempre con los mismos. Es lo que Andrew McAfee llama nuestros “vínculos fuertes”. Nos apoyamos mucho en ellos, es decir, en nuestros colegas más cercanos, nuestro equipo, departamento, grupo de trabajo. Según McAfee si queremos novedad e innovación, nuestros vínculos débiles, es decir nuestros colegas y conocidos más distantes, son de hecho a quienes debemos recurrir en primer lugar, porque por definición, se solapan menos con nuestra base de conocimiento y con nuestra red social. Los vínculos débiles son enormemente valiosos.

Así pues, en una misma empresa podemos tener varias redes sociales fuertes, con gran fluidez en el intercambio de información, por ejemplo en varios departamentos, pero aisladas las unas de las otras, apareciendo lo que se conoce como un agujero estructural entre ellas. Es aquí donde un vínculo débil podría tender un puente entre ambas redes. Las tecnologías sociales 2.0, como las redes sociales corporativas pueden ayudar a tender puentes y eliminar barreras a la comunicación.

Pero su aplicación, ¿tiene un reflejo directo en la cuenta de resultados?

Según Laurie Buczek, Enterprise Social Media Program Manager en Intel, como media cada empleado de Intel dedica un día a la semana tratando de encontrar a gente con la experiencia y conocimientos además de la información necesaria para hacer su trabajo. ¿Se pueden imaginar el coste en productividad que tiene esto?

Otro dato interesante. Según un estudio de Mckinsey Global Institute de diciembre de 2010, las empresas que utilizan herramientas sociales 2.0 tienen una cuota de mercado y unos márgenes más altos que la competencia. A mi entender es muy difícil establecer una relación tan directa entre el uso de tecnologías sociales y los márgenes o cuota de mercado de una empresa. Existen muchos otros factores que pueden influir positiva o negativamente en los resultados, aunque sin duda tienen un impacto positivo en la productividad de los empleados, gracias a los siguientes aspectos:

  • Permiten conocer a otras personas, cultivar los vínculos con ellos y colaborar online y offline.
  • Se abre un nuevo canal de comunicación. Se reduce el envío masivo de e-mails. Al disponer de un entorno abierto de colaboración se abre una nueva vía de comunicación no intrusiva en la que generar conversaciones y resolver problemas.
  • Se eliminan barreras organizativas. La información fluye libremente entre departamentos. La información llega a rincones de la organización donde hasta ahora no llegaba. Se crean nuevas oportunidades y sinergias.

Muchas empresas se están planteando en estos momentos la implantación de una red social corporativa con estos u otros objetivos. Su éxito dependerá del apoyo que reciban de la dirección, así como del compromiso de ésta en mantener la transparencia del entorno.

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